miércoles, 18 de abril de 2012

Cementerio General de Valencia

Cementerio General de Valencia
200 años de Vida

El Cementerio General Valencia cumplió en el 2007 doscientos años de vida, una vida intensa y rica en historia y arte que resulta difícil de condensar en unas pocas líneas. No obstante, aquí ofrecemos al lector unas cuantas muestras de su más diverso patrimonio que abarca desde el neoclasicismo hasta el art decó. 


Este camposanto, el principal de la ciudad, iniciaba sus días el 7 de junio de 1807, veinte años después de la publicación de la Real Orden de Carlos III por la que se prohibían los enterramientos intramuros.




El plano original trazado por los arquitectos Manuel Blasco y Cristóbal Sales, se componía de un rectángulo dividido por dos avenidas perpendiculares y una capilla central.


En un principio las cuatro parcelas resultantes eran el único lugar de enterramiento disponible, por ello un año después de la inauguración Cristóbal Sales, arquitecto municipal,  levantaba los primeros nichos que todavía hoy, en su mayoría, conservan sus lápidas originales.





Con el paso de los años, la escasez de nichos y la incesante demanda de terrenos para panteones, hizo necesaria una ampliación que hoy es el orgullo del camposanto.



Una gran parcela rectangular de 15.000m2 porticada en sus cuatro lados por 160 columnas monolíticas de fuste estriado y orden dórico, que sustentan un austero friso decorado con mascarones, cruces y palmetas.
  



Este gran patio que acoge cientos de panteones monumentales es hoy una de las zonas más valiosas e interesantes del camposanto.
Pero comencemos por el principio, por el primer panteón que se construyó en el cementerio.


En 1845, uno de los burgueses más ricos de la ciudad dedicado al comercio de la seda, perdía a su hijo primogénito, su único heredero Juan Bautista Romero Conchés y en su honor se levantó el primer monumento funerario.
El mausoleo diseñado en 1846 por el arquitecto Sebastián Monleón en estilo neoclásico, está cargado de simbología en todos sus elementos.



En el frente las alegorías de la Juventud, y la Esperanza Perdida se reclinan sobre un gran sarcófago de estilo imperial, y en los tímpanos del gran ara clasicista, se insertan los más variados símbolos funerarios aludiendo a la brevedad de la vida y la confianza en la vida eterna.







A estos  elementos escultóricos tallados por el escultor académico Antonio Marzo, hay que añadir el emotivo epitafio que compuso el  poeta y cronista de la ciudad Vicente Boix:


El amor paternal le preparaba un brillante porvenir y la esperanza y felicidad sonreían a sus padres por la vida de su hijo único bien amado.
La providencia en sus altos juicios probó su virtud arrebatando al hijo en medio de su juventud.
Consagrado a su memoria, este monumento conservará los restos del hijo y de los padres, por amor, por consuelo, por no separarse jamás.

Dominando el conjunto un gran obelisco en el que se inserta en letras de bronce la máxima: BEATI MORTUI QUI IN DOMINO MORIVUNTUR. Un completo diseño que une arquitectura, escultura, iconografía y poesía.


De nuevo en 1851, la muerte prematura de una joven perteneciente a la burguesía financiera valenciana, Virgina Dotres Guix, motiva la construcción del segundo monumento funerario en el cementerio. El panteón es una reproducción en miniatura de un templo griego períptero de orden dórico, compuesto por diez columnas estriadas que albergan en su interior un sarcófago decorado con símbolos en relieve.




El orden arquitectónico aquí empleado; dórico con columnas de fuste estriado sin basa, fue único en la ciudad de Valencia hasta que a finales de siglo se levantara el patio porticado en la ampliación de la tercera sección izquierda donde se utilizará el mismo orden columnario.



Pero la importancia de esta obra no radica solamente en su innovación, sino también en su autoría y procedencia, ya que el monumento traído pieza a pieza desde Italia, se ha documentado como obra del famoso escultor genovés Santo Varni.


El estilo neogótico, el preferido dentro del camposanto, dejó muestras de gran interés hasta bien entrado el siglo XX, por ejemplo el panteón de los Bertrán de Lis, del arquitecto Ramón María Ximénez, basado en las linternas funerarias medievales francesas. Una estructura de planta triangular, con un cuerpo superior cuajado de florones en el que se cobijan las alegorías de las tres virtudes teologales: la Fe -con una cruz-, la Esperanza -con un ancla de barco- y la Caridad -con un niño en brazos.



De inspiración completamente distinta es el panteón de la familia Llovera, expresión de aquella egiptomanía vivida en el s. XVIII, del arquitecto Antonio Martorell de 1883. Esta interpretación neoegipcia, nos presenta una pirámide perfecta, aunque horadada en sus cuatro frentes por robustos pórticos de columnas con capitel palmiforme, ahora bien, rematados todos ellos con una cruz en la cornisa.


A finales del siglo XIX la variedad estilística se multiplica, ahora, el eclecticismo llega a su punto culminante con las obras de José Manuel Cortina, como el gran panteón construido para los Monterde Tejada de 1896 en el que desarrolla lo que se ha calificado como "medievalismo fantástico", un nuevo lenguaje que aúna elementos tan heterogéneos como el  eclecticismo medievalista, la ilustración de las novelas románticas, el bestiario heráldico y la arquitectura gótica y oriental.

Una vez desligado el estilo de cánones y reglas fijas, el paso definitivo hacia la contemporaneidad lo dio el modernismo, un estilo libre, tanto en la línea como en la inspiración. La mejor pieza de esta tendencia, tanto por su calidad técnica como por su cualidad estética, la encontramos en el extraordinario y sensual ángel de mármol de Carrara del panteón para la familia Moroder, del escultor Mariano Benlliure.


Con cambio de siglo, se produce un cambio estructural en los diseños funerarios, prefiriendo ahora panteones de menor tamaño pero ricamente decorados con esculturas a la moda, y uno de los mejores artistas que aprovechó este cambio fue Eugenio Carbonell Mir, formado en el clasicismo de la Academia de Bellas Artes de San Carlos, pero influido también por la estética Liberty y simbolista italiana de finales de siglo, a raíz de su estancia en la Academia de España en Roma, donde coincidió entre otros artistas con Mariano Benlliure.








El lenguaje de Carbonell, más académico y comedido, y también menos sensual y más melancólico que el de Benlliure, encajó a la perfección con el gusto de la alta sociedad de principios de siglo por lo que acaparó gran parte de los encargos funerarios durante casi tres décadas, llegando a firmar casi un centenar de panteones.


Trabajando en la misma época encontramos al escultor Vicente Navarro Romero, otro de los artistas valencianos que tuvo la oportunidad de ampliar sus estudios en Roma. De su producción a caballo entre el modernismo y el art decó, conservamos dos grandes obras  en el cementerio, el panteón para Amparo Moragués y el conjunto para la Familia Giner.




El primero, de carácter decadente y simbolista lo forma un grupo de tres figuras: una joven de cuerpo yaciente sobre la que se reclina una figura arrodillada y un ángel protector en la cabecera del lecho, todo ello con un gran ciprés como telón de fondo. Este será uno de los pocos ejemplos del cementerio en el que se representa al difunto sin vida, lo que Franco Sborgi denomina “guardare la morte”, pero dejando a un lado el dramatismo macabro en busca de una melancolía romántica.


Sin embargo en su siguiente obra, el panteón de la familia Giner, se adivinan ya las líneas art decó en el contundente ángel, que reclama silencio para el descanso eterno y sobre todo en las dos figuras femeninas que flanquean la tumba, de volumetría más sintética y líneas menos ondulantes.



Ya entrados los años 30 el estilo decó se afianza con Ricardo Boix quien desarrolló un estilo personal bien definido, basado en líneas puras y esquemáticas, composiciones sencillas y un perfecto acabado, como demuestra su diseño para Vicente Crespo Carbonell en el que dos simétricas siluetas de apariencia casi blanda se inclinan orantes sobre una estela sepulcral.


Esta ha sido una pequeña muestra del valioso y rico patrimonio que se conserva en el Cementerio General de Valencia, cuyo bicentenario se ha conmemoró por todo lo alto con la celebración del Primer Congreso Europeo de Cementerios Históricos en el 2007.