Pasear por una ciudad como Valencia siempre es agradable, pero más gratificante es si se conoce a fondo su patrimonio.
A menudo recorremos céntricas calles, plazas y avenidas sin reparar en las decoraciones y detalles de aquellos edificios nobles que señorean la ciudad. Les invito a alzar la vista y deleitarse con las sugerentes ornamentaciones de la arquitectura valenciana de “entre siglos”.
Flores, frutas, escudos, medallones, atlantes y bustos femeninos, son algunos de los múltiples elementos que pueblan las fachadas de los edificios de finales del ochocientos y principios del novecientos.
Sin embargo, hoy quiero llamar su atención y dirigirles la mirada hacia un motivo ornamental peculiar, aquel basado en el mundo animal.
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Casa de los Dragones (1901) |
Uno de los primeros arquitectos en utilizar lo que llamaremos “fauna arquitectónica”, fue José Manuel Cortina Pérez (1868-1950), máximo representante de la tendencia premodernista, conocida como “medievalismo fantástico”, basada en la unión de elementos góticos, orientales y aquellos propios de la novela romántica medieval, de ahí la utilización en muchas de sus obras de motivos heráldicos y animales fantásticos.
Seguramente muchos de ustedes habrán reparado alguna vez en los dragones que trepan por la fachada de la casa situada entre la calle Jorge Juan y Sorní.
Esta construcción levantada hacia 1901, precisamente para la familia del arquitecto y llamada “Casa de los Dragones”, es uno de los mejores ejemplos de la obra medievalista de Cortina. En ella podemos encontrar además unos curiosos elementos decorativos en el registro superior, que aunque a simple vista no lo parezca, son máquinas de tren aladas!, que homenajean el progreso que la ciudad de Valencia experimentaba en aquellas décadas.
Busto en honor a Francisco Mora en la fachada del Mercado de Colón |
despliega en su fachada principal el mayor repertorio de “fauna arquitectónica” de la ciudad.
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Mercado de Colón, fachada principal. |
Mercado de Colón, fachada trasera. |
Fachada trasera |
Fachada trasera |
Además de admirar el cuidado y la belleza del diseño de este mercado modernista, mi intención es descubrir cada detalle ornamental de este edificio de la primera década del siglo XX, y desde luego que lleva su tiempo, pero merece la pena detenerse y contemplar los pavos, gallos, faisanes o perdices, entre otros animales, que recorren la línea de imposta de los arcos de la entrada,
o los patos que sobrevuelan los arcos del cuerpo central y las cabezas de terneros que rematan las pilastras de ladrillo.
Un poco más arriba, pasando casi desapercibidas, cabezas de cordero y de cerdos engalanan los pináculos bulbosos que rematan la cornisa, con conchas y anguilas en la base.
Busquen y encuentren ustedes mismos, caracoles, langostas, cerdos, rosas, claveles y escudos de Valencia entre otras curiosidades.
Toda una muestra de creatividad que hoy vuelve a relucir gracias a su reciente rehabilitación.
En la primera, sita en el número 30, podemos apreciar como sendos pavos reales sostenidos por figuras femeninas, extienden sus espléndidas colas actuando como base de los balcones del segundo piso.
Una obra delicada y sutil que se sirve de una fina decoración en escayola para adaptarse al gusto modernista que imperaba en la época.
Pavos Reales. Gran Vía Marqués del Turia, nº 30 |
es la Casa Pons, delineada por Vicente Sancho Fuster (1875-1910), hacia 1909 y conocida popularmente como “Casa de los Pajaritos”.
Casa Pons (1909). Gran Vía Marqués del Turia. Obra de Vicente Sancho Fuster |
Golondrinas bajo los balcones en la Casa de los Pajaritos |
Estas son sólo unas pequeñas muestras de lo que la arquitectura de la ciudad de Valencia de “entre siglos” nos puede ofrecer.
Les animo pues, a que alcen la mirada y descubran por sí mismos la variedad y riqueza de un patrimonio que, por cercano, a menudo, pasa desapercibido, no les defraudará.
Tienes muy buenas fotos de arquitectura valenciana. Saludos paisana y adelante con el blog, que se conozcan por medio de ti aquellos maestros que nos dejaron tanta belleza para compartir. Besos
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